La mujer que quería tener un novio a como diera lugar
Ella iba en su coche sola, como siempre había sido desde hace 20 años y como siempre, por la misma ruta hacia su casa. Sin embargo, algo diferente pasó aquella noche: Una sombra se cruzó sorpresivamente en su camino y ella frenó su automóvil aterrada al darse cuenta que aquella sombra era un hombre.
Se bajó del coche nerviosa y se encontró con un apuesto joven al que preguntó si se encontraba bien, él no dijo nada y ella, temiendo que estuviera herido, lo subió a su coche y lo llevó a su casa.
Durante días lo cuidó, dejó de ir a la oficina para dedicarse completamente a él. Él por su parte, se recuperaba cada día más y le decía que aquel accidente había sido un regalo del destino porque si no hubiera cruzado la calle esa noche, jamás la hubiera conocido. Ella se ruborizaba y le decía que pensaba lo mismo.
Conforme pasaban los días, los dos platicaban de todo; de sus solitarias vidas, de la monotonía del trabajo, de la falta de un amor e inevitablemente sin darse cuenta, se fueron enamorando. Un día él le dijo: -Te amo- y ella por única respuesta lo besó apasionadamente. Hicieron el amor toda la noche, como nunca lo habían hecho…
Fue al día siguiente cuando la policía derribó la puerta. Los vecinos se habían quejado del insoportable hedor a animal muerto que emanaba de la casa de ella.
Los crímenes de la calle de Aramberri
El inspector se encontraba atónito ante la escena que tenía a la vista. Su sorpresa no era en absoluto por lo macabro de la escena del crimen; de donde venía estaba acostumbrado a peores carnicerías, sino por el completo desorden de las investigaciones. Nadie seguía las instrucciones, había demasiada gente y entre todos se estorbaban el uno al otro.
El inspector se acercó a los cuerpos mutilados de las mujeres y los observó detenidamente, luego pasó su mirada por la habitación y finalmente se apartó de la multitud. Al salir de la habitación se topó conmigo y me dijo: -Parlez vous francais? a lo cual no respondí nada, luego me dijo: -Sprechen Sie Deutsch? a lo cual tampoco supe que responder; volvió a intentar diciendo: -Parla italiano?, Вы говорят по-русски?, μιλάτε ελληνικά?, Taler du dansk?, Habla español?
-Claro que hablo español señor- Le contesté y aliviado me dijo: -Escuche bien: He descubierto al asesino de estas pobres mujeres, sea prudente y no diga una palabra de esto. Antes de desenmascararlo, necesito que me lleve al periódico más importante de la ciudad, ya que debo publicar un anuncio.
A mi todo el asunto me pareció muy raro, pero ya había escuchado que el recién llegado era considerado como un genio de la deducción, aunque un poco extravagante, así que lo llevé al periódico en donde escribió un anuncio, lo pagó y se despidió de mi diciendo: -Si todo sale como he calculado, el asesino caerá muy pronto.
En los siguientes días efectivamente cayeron los asesinos; dos carniceros y dos parientes de las víctimas. Durante una de las investigaciones intentaron huir y se les aplicó la “ley fuga” y eso fue todo. Me olvidé del asunto por algunos años hasta que platicando con un amigo, me comentó que después de la resolución del crimen, el inspector nunca regresó a su país natal; decidió quedarse a vivir en la ciudad y rentaba un cuartucho en la calle de Aramberri, cerca de donde habían ocurrido los crímenes. Recordando mi breve encuentro con él, quise visitarlo para que me explicara como había hecho para resolver el crimen de manera tan rápida y brillante.
Cuando llegué a su cuarto, toqué varias veces sin obtener respuesta, hasta que me di cuenta de que la puerta no tenía llave, así que la empujé y cuál fue mi sorpresa al encontrar al inspector muerto, sentado en un sillón y con un revólver en la mano. También encontré un periódico viejo en donde venía marcado un anuncio:
CAPTURA
En la Alameda se ha encontrado a primeras horas de la mañana del día… de los
corrientes (la mañana del crimen), un enorme orangután de la especie de Borneo. Su propietario
(que se sabe es un marino perteneciente a la tripulación de un navío maltés) podrá recuperar el
animal, previa su identificación, pagando algunos pequeños gastos ocasionados por su captura y
manutención. Dirigirse al número… de la rue… Aramberri.
Al parecer, el inspector nunca logró deducir que Monterrey carece de puertos…
El intelectual
Existió hace tiempo cierto intelectual que sufría increíblemente al ver al pueblo sumido en la total ignorancia. Odiaba la televisión y todos sus programas; odiaba a Adal, Origel, Ninel y cuanto engendro babeante cruzara por la pantalla. Pensaba que los periódistas estaban todos comprados; vomitaba a Joaquín, usaba al Reforma para limpiarse; sólo leía La Jornada y a veces ni siquiera ese. De igual manera sentía repulsión por la música actual, se golpeaba en la cabeza cada vez que escuchaba a Thalía, Paulina, Juanes, Britney y Shakira.
Su amargura llegaba al extremo de escribir en periódicos y blogs quejándose de la situación. A veces escribía cosas como: “No se dan cuenta de k la sosiedad esta de mal en peor. el govierno y televisa los tiene enseguesidos con sus mentiras y sus programas como bailando por un sueño mientras el govierno privatisa a pemex”.
Un día pidió al destino (porque tampoco creía en dios) que desapareciera la televisión, la música pop y las revistas de chismes y el destino le cumplió el deseo. Al día siguiente el intelectual abrió la ventana y vio a los niños jugar a la pelota riendo y exclamando: “Pedro, si gustas, pásame el balón para poder pasárselo a Julián y así todos poder divertirnos por igual.” Bajó a la cocina y su madre y hermana se encontraban enfrascadas en una discusión filosófica sobre “Also sprach Zaratustra.” en donde había estado la tele familiar, se encontraba ahora un enorme librero y al salir a la calle observó con orgullo que la gente leía libros, discutía de manera civilizada sobre política y jugaban al ajedrez. El intelectual se regocijó al darse cuenta de que su deseo se había vuelto realidad.
Sin embargo, su felicidad duró bien poco. A los 6 meses se suicidó al darse cuenta de que los demás eran más inteligentes que él.
Moraleja: Lo importante no es que uno sea mejor que los demás, sino que los demás sean peor que uno.
El ánima del Ancira
Cuenta una leyenda que hace tiempo en el Hotel Ancira trabajaba una camarista que perdió la cabeza en un bizarro accidente con un montacargas. Desde entonces, despues de medianoche, la camarista sin cabeza penaba por los pasillos del hotel y tocaba a las puertas pidiendo permiso para hacer la limpieza. Sobra decir que nadie se atrevía a abrir; los mismos gerentes advertían a sus huéspedes sobre la aparición y les pedían que sin importar la insitencia, no abrieran sus puertas después de las 12:00 A.M.
En cierta ocasión, un huésped se registró a las 11:50 de la noche. El gerente, por cansancio u olvido, no le hizo la famosa advertencia y el cliente subió a su cuarto. Al entrar vio con estupefacción que el cuarto se encontraba en condiciones deplorables; la cama destendida, el baño sucio, basura tirada por toda la habitación y antes de que pudiera marcar a la gerencia para quejarse, llamaron a la puerta y se escuchó una voz de ultratumba diciendo: “Permiso para hacer la limpieza…”
El huésped molesto pero sorprendido por la rapidez del servicio, abrió la puerta y se encontró con la ¡camarista sin cabeza! A empujones la metió a su cuarto y le ordenó que limpiara todo el mugrero; la hizo tender la cama, lavar el baño, trapear unas manchas de orín, cepillar la alfombra en donde había vómito; no conforme con unas manchas sospechosas en las sábanas, hizo que la camarista le pusiera unas nuevas y después de 1 hora de trabajo, el cliente quedó satisfecho y la despidió sin darle propina.
Cuenta también la leyenda que desde ese día, la camarista sin cabeza nunca más volvió a pedir permiso para hacer la limpieza.