Hace apenas unos meses un malvado grupo femenil de mariachi maquinó un nefasto plan para desestabilizar al país que consistía en equivocarse en la letra del himno nacional durante un partido de fútbol en Guadalajara.
El país entero entró en un shock; los jugadores de las Chivas y del Monterrey se pusieron a llorar unos, y a orinarse otros. Por suerte la Secretaría de Gobernación si bien no pudo detener a tan siniestro grupo de terroristas, si pudo sancionarlas. Realmente no importa que “Las Perlitas Tapatías”, como se hace llamar éste grupo subversivo, sean unas importantes exponentes de la música mexicana en todo el mundo; lo que realmente interesa es que se equivocaron en una estrofa de nuestro sagrado himno nacional, ¡es intolerable!
Ahora Luis Miguel trata de destruir a México al utilizar la bandera con un filtro color sepia en la contraportada de su último disco. -¿Cómo te atreves Luis Miguel?, ¿Porqué eres tan mal mexicano?
Me imagino que estos malos mexicanos no contaban con que la Secretaría de Gobernación siempre está al tanto de estas maquinaciones y los atraparon con las manos en la masa.
Ojala y recapaciten y sean como esos otros mexicanos incomparables, ejemplos de decencia y honorabilidad como lo son nuestros amados políticos y gobernantes que han luchado tanto para poner el nombre de México bien en alto.
Que Dios y Antonio López de Santa Ana los perdonen…

“Ha logrado lo que para mi es un portento: Hacer que el español suene perfecto, de veras natural, en el rocanrol. El Tri andaba muy cerca, de hecho lo había logrado muy bien en varias rolas, pero con las letras del Rockdrigo (inteligentes, maliciosas, provocativas, poéticas) se puede afirmar que el español-mexicano es perfectamente idóneo para el rock. Quien quiera que haya presenciado los esfuerzos para que esto se lograra, ya que es esencial para el desarrollo de un verdadero rock mexicano, tendrá una idea de lo que significa.”
Bueno amados lectores, por fin he regresado de mis relajadas vacaciones decembrinas y como éste es mi primer post del año, me concentraré en tratar de empezar con el pie derecho, ya que,..¿saben?, soy una de esas personas que creen profundamente en las primeras impresiones, por lo mismo quiero causar una muy buena impresión con el primer post del año y les he de decir que difícilmente hago juicios erróneos basándome en la sensación que me causan las primera impresiones, verán,…cuando ví por primera vez en el noticiero al secuestrador apodado “el mocha orejas”, pensé: “este hombre esta metido en algo muy sucio”; o cuando ví por primera vez la antología de The Beatles en DVD, pensé,…”estos muchachos si que son buenos”; también cuando ví la primera imagen por TV del avión que se estrelló en las torres gemelas me dije a mi mismo: “PW, esto es algo muy malo”, y ¿saben qué? no me equivoqué en ninguna de las ocasiones antes mencionadas.
Corría el año de 1968 cuando Austin Wiggin, Jr. llegó a su casa en Freemont, New Hampshire con dos guitarras eléctricas y una modesta batería y les entregó los instrumentos a sus hijas Betty, Helen y Dorothy con la misión de aprender a tocarlos.
