Para quienes tuvieron la fortuna (por llamarle de algún modo) de haber nacido hace aproximadamente unos 60 años, tuvieron unos padres que seguramente no habrán batallado nada en encontrar el nombre con el cual serían bautizados. Recuerdo con singular alegría que mi madre solía contarme de su “tía Tola”, quien invariablemente cuando era mencionada, me asaltaba la duda de saber cual era su verdadero nombre, por que indudablemente el hecho de llamarla Tola era “de cariño”, pero,…¿que nombre podría tener para que le dijeran así? ¿Bartola?,..¿Torombola?,…¿Pistola?,… y es que hace años, los nuevos padres no se complicaban buscando un nombre para él (o la) recién nacido(a), le ponían el nombre del santo al cual se veneraba en el día en que naciera la criatura, esto por supuesto tenia sus bemoles, ya que si bien el querubín nacía con la suerte de alcanzar el día de San Pedro, también podía sufrir las consecuencias de haber nacido el día que el calendario celebra a Eustoquio.
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